April 2009, Volume 8, No. 12, Special Edition Labour Mobility
ISSN 1703-7964

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Articles

Note from the Guest Editor - Excluded Workers, Excluded Women: Challenging the Marginality of Domestic Work in Latin America
Barbara MacLaren

Feminization of Migration in Latin America: Domestic Workers
Irma Arriagada

Feminización de la Migración en América Latina
Irma Arriagada

Women from Latin America and the Caribbean Cross Borders to Work in the Domestic Sector
Gloria Moreno-Fontes Chammartin

Latinoamericanas y Caribeñas Atravesando Fronteras para Trabajar en el Sector Doméstico
Gloria Moreno-Fontes Chammartin

‘Exporting’ Human Capital Has Unexpected Costs for the Philippines
Ashifa Kassam

The Case of Domestic Workers in Costa Rica
Berta Fernández Alfaro and Rosita Acosta

El Caso de las Trabajadoras Domésticas en Costa Rica
Berta Fernández Alfaro and Rosita Acosta

Toward a New Understanding of Labour and Domestic Service
Marcelina Bautista

Hacia una Nueva Concepción del Trabajo y del Servicio Doméstico
Marcelina Bautista

Chile: Labour Insertion Opens Doors to Citizenship
P. Algacir Munhak

Inserción Laboral para Abrir las Puertas a la Ciudadanía: El Caso de Santiago de Chile
P. Algacir Munhak

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Feminización de la Migración en América Latina

Irma Arriagada

La migración tanto femenina como masculina ha obedecido a lo que se denominan factores de los países de origen (expulsión) y a los factores de los países de destino (atracción).

En los países de origen generalmente se enfrentan crisis económicas y políticas, desempleo y situaciones de falta de perspectivas de mejora personal y familiar. En los países de destino frecuentemente se combina la estabilidad política, el crecimiento económico junto con la necesidad de fuerza de trabajo y la existencia de una mejor oferta de servicios sociales y de redes sociales de apoyo de migrantes.

Los procesos de migración internacional en Latinoamérica son a la vez causa y consecuencia de la globalización, como el desarrollo y la difusión de nuevas tecnologías, la disminución de los costos de transporte que ha permitido el aumento de la migración de nuevos grupos, y la demanda de trabajo flexible derivada de las asimetrías de la economía global, según Jorge Martínez, editor del libro América Latina y el Caribe: migración internacional, derechos humanos y desarrollo. Sin embargo estos trabajos no cubren las necesidades de reproducción social de los y las trabajadoras migrantes.

La migración latinoamericana tiene un doble carácter: intrarregional y extrarregional. En 2000 se observaba que los principales países receptores de migrantes eran Argentina, Brasil, Chile, Costa Rica y Venezuela, y las migraciones provenían principalmente de Bolivia, Colombia, Guatemala, Nicaragua, Paraguay y Perú; habitualmente entre países limítrofes (Migración Internacional en Latinoamérica, IMILA). La migración hacia Estados Unidos y Canadá proviene mayoritariamente de Colombia, Cuba, El Salvador, México y República Dominicana. En tanto la migración hacia Europa (España e Italia), especialmente de mujeres, se efectúa principalmente desde Colombia, Ecuador, El Salvador y República Dominicana.

Esta migración se ha feminizado recientemente, siendo el trabajo doméstico y de cuidado la principal ocupación a la que se dedican las mujeres migrantes. Si bien existe una proporción de migración calificada femenina (brain drain), a lo que se asiste es a una fuga de cuidado (care drain): un modelo donde la fuerza de trabajo femenina y flexible (habitualmente mujeres migrantes indígenas y afrodescendientes) reemplaza el trabajo doméstico no remunerado que efectuaban las mujeres en los países, según Sònia Parella, en su estudio de 2007, “Las migraciones femeninas y la internacionalización de la reproducción social.”

Actualmente, la migración de las mujeres se relaciona con las transformaciones demográficas, culturales y sociales de los países desarrollados: el envejecimiento de la población, el incremento de las personas ancianas en situación de dependencia, el aumento en el número de hogares donde ambos padres trabajan a tiempo completo, el crecimiento de los hogares monoparentales, así como la valoración del tiempo propio y de ocio.

Para migrar es indispensable contar con recursos personales y decisión. En algunos países se encuentra que las migrantes habitualmente tienen niveles superiores de instrucc ión que las mujeres no migrantes y el trabajo doméstico que realizan en los países de destino no es el que desempeñaban en los países de origen.

Por ejemplo, de acuerdo con tabuladores especiales realizados con la información de la Encuesta de Caracterización Socioeconómica (CASEN) de 2006, las migrantes peruanas en Chile en su mayoría contaban con 12 años y más de instrucción y el 69.6 por ciento de ellas eran trabajadoras domésticas. Las migrantes ecuatorianas ocupadas como trabajadoras domésticas en 2007 constituían el cinco por ciento antes de salir del país pero alcanzaban el 32 por ciento en los países de destino.

También existían diferencias por países: representaban el 6.5 por ciento en el caso de las que migraron a Estados Unidos; en España, alcanzaban el 38 por ciento; y en Italia, el 63.6 por ciento, siendo en este país la principal ocupación el servicio doméstico, según Giocanda Herrera en su estudio de 2008, “Las cadenas internacionales del cuidado. Migración y servicio doméstico remunerado, el caso de Ecuador.”

Políticas de protección a migrantes y sus familias

Las migraciones pueden contribuir al crecimiento económico y al desarrollo de los países de origen y destino. Las economías de los países de origen se ven favorecidas por las remesas. Los países de destino se benefician con mano de obra en ocupaciones necesarias para el bienestar de su población. Se podría afirmar que los propios trabajadores y trabajadoras migrantes se benefician al mejorar sus condiciones de vida. Sin embargo, la migración también genera situaciones de desventaja y discriminación para los migrantes, produce efectos indeseados en las familias que permanecen en los países de origen, y puede reforzar la división desigual de roles productivos y reproductivos entre hombres y mujeres. En el caso de las mujeres se enfrentan también condiciones de mayor vulnerabilidad como el acoso sexual y el trato estigmatizado.

Para enfrentar estas situaciones se necesita adoptar políticas nacionales coherentes y exhaustivas. En los países de origen se requiere la creación de oportunidades de trabajo y sobrevivencia, particularmente para las mujeres, para evitar que migren en búsqueda de trabajos mejor remunerados, pero de peor calidad. La demanda creciente de trabajo de cuidado en los países de origen para los preescolares y adultos mayores puede ser una fuente importante de creación de empleo. Asimismo, se debe facilitar el retorno de los migrantes mediante programas de reintegro y capacitación. Permitir, mediante la legislación, la reunificación de las familias y considerar políticas y programas de fomento a las iniciativas de migrantes en el uso de las remesas que favorezcan su regreso al país de origen.

En el caso de las familias a distancia, velar especialmente por la situación de las jóvenes que se deben hacer cargo de sus hermanos menores, a fin de garantizar su acceso a la educación y mejores oportunidades laborales. Tanto en los países de origen como de recepción se deben promover medidas que mejoren y reduzcan los costos del envío de las remesas y de la comunicación intrafamiliar, por ejemplo mediante mejor acceso al Internet.

En los países receptores se precisa garantizar el ejercicio de los derechos de las personas migrantes en el país de destino y en el de tránsito. Dado que los países receptores se ven beneficiados de la disponibilidad de mano de obra inmigrante, deben prestar especial atención a las situaciones de desventaja y discriminación que enfrentan los y las trabajadoras migrantes por razón de género o de raza o por su condición de migrantes.

Se debe garantizar la coherencia entre las políticas de migraciones laborales y de empleo y otras políticas nacionales, de manera que los trabajadores migrantes cuenten con los mismos derechos laborales que el resto de los trabajadores, particularmente en términos de responsabilidades familiares —importantes en la ausencia de redes familiares— incluyendo el acceso a servicios de cuidado. Con este fin, es necesario incorporar mecanismos de inspe cción laboral y la difusión de información sobre sus derechos entre los y las trabajadores migrantes.

A pesar de que las familias que se quedan en los países de origen muchas veces se benefician económicamente de la migración, la distribución desigual de responsabilidades de cuidado entre hombre y mujeres hace que la ausencia de la madre, tradicionalmente principal responsable de los cuidados familiares, pueda causar una crisis de cuidados en estas familias que se reflejan en costos sociales para toda la familia.

Frente a los diversos conflictos y problemas que enfrentan la población migrante y, en especial las mujeres, se precisa voluntad política para resolverlos y un fuerte apoyo del Estado mediante recursos destinados a programas específicos orientados hacia los migrantes.blue square

Irma Arriagada es socióloga chilena, consultora internacional, ex-funcionaria de CEPAL e investigadora asociada del Centro de Estudios de la Mujer, Chile.



 

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